Capítulo 18: No tan perdidos pero en aprietos

CAPITULO 18: NO TAN PERDIDOS PERO EN APRIETOS

Tanto Hector como Arcon cayeron bien. Arcon soltó todo el aire de sus pulmones al ver que el Grolyn seguía entre sus manos, intacto. Corroboró el estado de Hector y al verlo vivito y coleando, le preguntó:
-¿Donde estamos?
-Arcon maldito... Sabias que esto iba a ocurrir... Encima nos hemos separado de Karime, Eric y Mao. Ahora sí que estamos fritos. Eres un idiota.
Arcon entornó los ojos y añadió con arrogancia:
-Lo que pasó, pasó. Así que olvidémoslo.
-No Arcon. No vamos a olvidarlo.-Respondió severamente el joven esgrimista.- Pero no saco nada con retarte, aunque me gustaría que pensaras en tu egoísta error, Arcon. Y no. No pongas morisquetas porque rey o no, eres un idiota. Ahora. ¿Dónde estamos?
Arcon apretó los puños con ganas de golpear a Hector, pero se obligó a calmarse. Respiró y miró a su alrededor y se alegró al encontrarse con un paisaje familiar. 
Estaban parados en la isla del centro de un lago. Alrededor habían montes que encerraban el lago dándole un ambiente secreto y privado. El agua era tan cristalina que se podían ver todos los peces y algas que convivían en el hábitat acuático. Era un lugar hermoso. 
-Estamos en El Lago Secreto.-informó Arcon.-Es un lago que ha sido utilizado por la familia real de Andragos por muchos años. Escondido entre los montes hay un pequeño castillo. Podríamos ir ahí y...
-Arcon, lo que me interesa es salir de aquí. El resto de nuestros amigos está en quien sabe donde. No podemos pasarla bien mientras ellos se encuentran en quizás Qué situación.
-Es cierto. Lamento haber sugerido eso.-se disculpó el rey.- La buena noticia es que estamos a dos días de Andragos andando a pie. No nos debería tomar demasiado, así que andando.
De la vieja corteza de un árbol armaron una pequeña balsa sobre la cual posicionaron los bolsos y regalos que había comprado Hector. Ninguno de los chicos quería sus cosas mojadas. Lamentablemente, ellos sí tuvieron que mojarse, por lo que se quitaron las camisas y se tiraron al agua del lago. Para sorpesa de Hector, estaba a una temperatura muy agradable. Arcon le explicó que aquel lugar poseía un microclima, ya que los árboles que rodeaban el lago estaban a una temperatura mayor a la del agua, por lo que la calentaban, haciendo de la zona un lugar espléndido para vacacionar.
Los chicos se fueron turnando para llevar la balsa de equipaje hasta la otra orilla. Finalmente llegaron cansados, pero contentos . Y revitalizados por aquél baño termal.
Se colocaron las camisas y Hector siguió a Arcon hasta un pequeño tunel por el cual cabría solo un carruaje mediano. Antes de entrar, Arcon dijo:
-Observa muy bien el paisaje, Hector. Es probable que no lo vuelvas a ver nunca más. 
Hector hizo caso y observó su entorno, con un dejo de preocupación en la mirada. Pero decidió disfrutara vista y entrecerrar los ojos para escuchar el hermoso sonido de las olas del lago. Pero algo las interrumpió. 
Un estrepitoso rugido sonó por todo el lugar, alarmando a Hector y haciendo que Arcon musitara:
-Demonios. Me había olvidado de ellos.

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