Capítulo 8: La feria de Andragos


Capítulo 8: La feria de Andragos

En la cocina se encontraron con Mao, que coqueteaba con una cocinera que preparaba jugo de naranja
-Mao Batay, deja a la pobre niña sola.- Lo reprendió Karime
- ¿No ves que está trabajando?- La apoyó Hector.
La cocinera, que estaba roja y muy cohibida, los miro con ojos agradecidos cuando Mao Batay dejó de molestarla.
-La tenía casi en mis pies.-reclamó el cavilar.
Karime chistó y entornó los ojos.
Se sentaron en una mesa de madera que estaba bastante apartada del barullo de la cocina. no podían comer en el comedor real si es que Arcon no estaba con ellos.
-Vamos a ir de compras con Karime.-Anunció Hector.- Es que será navidad en la tierra, ya sabes, una fiesta en la que das y recibes regalos y todo se adorna de rojo y blanco. Queremos que la pasen con nosotros.
-Recuerdo haber visto unas cuantas películas de navidad. Me gusta mucho "El grinch".- respondió el cavilar, quién amaba la televisión.-Me parece muy buena idea. ¿Han aceptado Karime y Arcon?
-Yo sí. De Arcon no tengo ni idea, debe de estar con Eric.
-Esos dos siempre pasan juntos. En algún momento van a salir del closet, ya ven...- bromeó Mao.
-Bueno, ¿Entonces nos acompañas?-preguntó Hector cambiando el tema.
-Definitivamente.
OOO
Una vez desayunados, partieron a la feria de Andragos, que en verdad era la cosa más grande que Hector había visto. Calles y calles repletas de miles de vendedores asentados en puestos de todo tipo. Desde carpas gigantes de terciopelo con diseños bordados en cuentas, hasta rústicas mantas sobre las cuales se exhibían rústicas artesanías. Los vendedores también eran todos unos personajes. Había quienes llevaban ostentosas vestiduras (que Hector calculaba valían más que uno de sus amados Mustang) y unos pocos famélicos niños que vendían collares de piedrecillas y caracolas.
-¿En Andragos hay pobreza, Mao?-preguntó Hector ante la vista de una mujer que ataviada en andrajos amamantaba a un niño con brazos tan delgados comi uno de sus dedos.
-Dímelo tú.-fue la respuesta de Mao.
-Pobreza casi ya no hay en Andragos. Aga Asteris se encargó de erradicarla.-explicó Karime.- Pero no faltas los malditos adinerados que se aprovechan de los pobres y les quitan lo poco que tienen.
-Como en cualquier reino.-Añadió el cavilar.
Miraron un poco los escaparates de las tiendas situadas a los laterales de las veredas y luego Hector habló:
-Miren. Una cosa sobre la navidad es que los regalos que recibes deben ser secretos. Es decir, nadie debe enterarse de lo que vas a regalar hasta el día de la entrega de los regalos. Entonces...
-Quieres que nos separemos para comprar los regalos y tal. Ya.-Dijo Mao terminando la frase y devorándose con la mirada a una agraciada vendedora. Karime le pegó un codazo.
-Exacto. Nos vemos de vuelta en el castillo.
Se separaron un par de minutos más tarde y cada uno se fue por su lado. Para Mao y Arcon ya tenía regalos en la tierra, eso era bueno. Bibi Barón, al ir de compras navideñas con sus hijos, siempre les obligaba a comprar regalos para los faguenses. Pero ese año el problema era Karime. No sabía que rayos regalarle.
Decidió dejar el regalo de su novia de lado para escoger uno para su hermano. Visitó varias tiendas de antiguedades y una de animales exóticos, cuando le dio sed. Compró un jugo de limón y siguió caminando por las calles aturbulentadas de gente. De repente, alguien lo cogió de mano y lo sacó del flujo de compradores y vendedores. Hector no puso resistencia al pensar que se trataba de alguno de sus amigos, pero se sorprendió al encontrarse a una anciana tuerta.
-¿Qué desea señora? ¿Le puedo ayudar en algo?-preguntó Hector de la manera más cortés que le fue posible.
La anciana sólo lo miró y le cogió la mano. Hector alcanzó a vislumbrar un tatuaje en forma de alacrán en el dorso de la manchada mano de la vieja.
-Eso que piensas hacer, no lo hagas. La desgracia te acecha, el universo conspira. -Dijo la mujer leyéndole las lineas de la mano.

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